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Blog de Edgar Tarres

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1 de enero de 2021 Life Style

SER – HACER – TENER

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«No se puede tener lo que no se es» Raimón Samsó.

Iniciar un año, un ciclo, un proyecto… va siempre acompañado de ilusión, deseos u objetivos. Digamos que es lo que nos mueve a hacerlo. De motivaciones, también hay muchas: dinero, fama, bienestar, divertimiento, conciencia… todas las que queramos. Y claro, dependiendo de esta motivación, nuestra voluntad, nuestros recursos, el tiempo, la energía y la atención que queramos dedicarle, serán muy importantes para conseguirlo.

El inicio de un nuevo año, ya sea uno de enero o el día de tu compleaños, viene marcado con algún pensamiento sobre alguna cosa que queremos cumplir. Los típicos: aprender inglés, ponerse en forma, mejorar algún hábito… y la gran mayoría, suele caer en saco roto.

¿Por qué?

Es muy sencillo: por que no somos lo que queremos ver cumplido. Nos enfocamos en el HACER para TENER, y es un error. Debemos, primero de todo, SER. Y esto, es una responsabilidad nuestra. La Ley de la Manifestación es SER – HACER – TENER.

Aunque normalmente las personas se enfocan en TENER (quiero un gran coche, casa, cuerpo fibrado…) , para luego HACER (podré mostrarlo para que todo el mundo lo vea), y al final SER (el más guai del barrio).

Es al revés que debemos hacerlo.

PRIMERO, SER: Esto exige altas dosis de conciencia y autoconocimiento. Hecho que debemos iniciar un proceso de desarrollo personal que nos lleve a desidentificarnos con quien creemos y creen que somos, y encontrar a nuestro verdadero Yo (ese que has escondido en lo profundo de tu Corazón, y espera manifestarse). Es lo que también se denomina tu potencial; lo que te hace única y extraordinaria.

Cuando has empezado este proceso, ves que tu vida empieza a cambiar; pasan otras cosas, algunas personas se alejan, otras aparecen, cambian tus gustos, preferencias… y seguramente, te das cuenta que ese Ferrari que siempre has deseado, no lo necesitas para nada. Aquí es donde empiezas a HACER COSAS DIFERENTES, más enfocadas a QUIEN ERES.

Y por esta sencilla regla de tres, empiezas a TENER cosas diferentes. ¿Cuales? Las que hagas. Y harás, lo que eres.

Cambia el foco. Cambia tu atención (te recuerdo que ahí donde pones tu atención es a donde se dirige la energía). Mira hacia ti con ojos de niño. Recuérdate. Pasa tiempo de calidad contigo; a solas.

Después de dejar atrás este año tan peculiar (no seré yo quien lo juzgue), es cuando más deberíamos darnos cuenta.

Muchas personas han perdido el empleo, incluso familiares. Otras han visto su proyecto empresarial caer en picado o incluso desaparecer. Ante tales circunstancias, lo más fácil es darle la culpa a otro: a un virus, a un gobierno, al vecino. Esto conlleva un peligro muy grande: dan el poder a otro. No digo que estas no tengan culpa alguna, ya que de alguna forma crean circunstancias sociales donde cada uno de nosotros está inmerso, y por tanto, cada decisión que se tome, tendrá una repercusión en nuestra vida.

Pero pensar esto no nos sirve de nada. ¿De qué sirve quejarse? ¿De qué sirve pensar todo el rato que soy un desgraciado porque las decisiones que nos afectan a todos han hecho que mi vida sea un desastre? Ya te lo digo, a ninguna parte. O sí, si que te lleva a algún sitio, pero no es nada positivo, ni interesante. Al contrario. Ayudas a que esa circunstancia se empodere, y eso no lo podemos permitir.

Nuestro poder radica en aceptar y transformar. Pero como esto se está alargando mucho, seguiré en un nuevo post mañana, el día de mi cumpleaños, donde veremos las claves que nos permiten avanzar, incluso en los peores escenarios.